Abarán vivió una gran tarde de toros, con Liria y El Juli a hombros


Pepín Liria ha hecho historia y ha redondeado una tarde para el recuerdo en su despedidas de los ruedos al cortar cuatro orejas y un rabo, con indulto incluido de un toro de Santiago Domecq, en la plaza murciana de Abarán. También El Juli estuvo a gran altura y acompañó a Liria y al mayoral de Santiago Domecq en la salida a hombros como culminación a una corrida que quedará grabada en la memoria de los aficionados que la presenciaron.

FICHA
 
Se lidiaron seis toros de Santiago Domecq, de buen juego en general, destacando el quinto, indultado, y el tercero, premiado con la vuelta al ruedo.

Pepín Liria,  oreja, dos orejas tras aviso y dos orejas y rabo simbólicos.
El Juli, una oreja, una oreja y dos orejas.

La plaza se llenó.

Pepín Liria pasó a la enfermería en el intermedio del festejo, recibiendo puntos de sutura en el frontal derecho.

CRÓNICA

La plaza de Abarán se llenó para compañar a Pepín Liria en su despedida de los ruedos y le recibió coreando su nombre y obligándole a saludar después  del paseíllo. Él correspondió a tan caluroso recibimiento con una actitud que ya se puso de manifiesto en el primero de la tarde, al que recibió con una larga cambiada de rodillas, verónicas y bonitos remates. La plaza se volvió loca. Inició la faena por alto, siguieron dos tandas en redondo y lo mejor llegó al natural, con algunos excelentes. También hubo dramatismo al ser cogido al citar de espaldas rodillas en tierra, solucionándose el susto con unos puntos de sutura. Un pinchazo previo a la estocada dejó el premio en una oreja.

Las dos le cortó al noble tercero, al que lanceó con buen aire a la verónica. Pepín lo bordó en el inicio de faena y cuajó una labor muy completa que entusiasmó a los suyos. Fueron dos orejas de peso a un toro que fue premiado con la vuelta en el arrastre.

Pero lo mejor estaba por llegar. Y llegó en el último toro de su carrera. Lo recibió a pies juntos Liria, con un capote pintado por el artista local Luis Fernández, brindó a su hija María y cuajó de principio a fin a Jabato, número 23, al que terminó por perdonarle la vida en medio de una auténtica fiesta de toreo y emociones. Pepín bordó el toreo al natural y conectó con fuerza inusitada con los tendidos de principio a fin. La plaza gritó al unísono ¡Pepín, Pepin! Y el torero siguió toreando hasta que el presidente asomó el pañuelo naranja. Indulto y toro que volvía al campo a los sones del himno de España.

El Juli no fue un convidado de piedra, sino que respondió como la figura que es a los triunfos de Liria. Lo mejor lo hizo en el sexto, al que ejecutó un quite por lopecinas y comenzó su faena con las dos rodillas en tierra toreando en redondo. Entendió muy bien al toro, que colaboró, y realizó una gran faena que valió dos orejas. Había cortado una más del segundo, un toro con su complicación al que tapó mucho, y otra del cuarto, al que toreó con gusto y verticalidad en muchos momentos. La tarde terminó con él, Pepín y el mayoral a hombros por la Puerta Grande. Un día para la historia.