Historia de la plaza

Gestión e inauguración

El 14 de diciembre de 1885, por iniciativa de empleados y dependientes del Ayuntamiento se creó la cooperativa de Empleados, y según sus estatutos, sus objetivos consistían en fundar establecimientos comerciales, industriales y de recreo, así como crear una Caja de Ahorros y monte de Piedad. Es en el año 1886 cuando la Cooperativa de Empleados, de la que es presidente don Agustín Hernández del Águila, pone en marcha un proyecto de creación de un nuevo coso taurino, que deberá erigirse en terrenos del partido de la Condomina, al este de la ciudad. Para sufragar el importe del presupuesto del edificio, la Cooperativa emite seis mil acciones de 48 pts. cada una, divididas en cuatro series numeradas de mil quinientas, lo que componía un capital social de 288.000 pts. La primera serie fue pagada antes del 31 de diciembre de 1887, entregándose a los suscriptores los correspondientes títulos. Estas acciones eran individuales, inamortizables y trasferibles, y otorgaban a su poseedor derecho proporcional sobre el capital social y sobre el reparto de beneficios. Fachada principal de la plaza A mediados de agosto es designado para la formación y realización del proyecto el arquitecto Justo Millán Espinosa, y el 11 de octubre comienzan las obras. El Diario de Murcia dio testimonio del hecho el 12 de octubre de 1886:

“Anteayer tarde, con motivo de la inauguración de los trabajos de la nueva plaza de toros, recorrió una banda de música las calles del popular barrio de San Juan, situándose después en el sitio donde se está edificando. Mujeres, hombres y muchachos entraron á tala con los naranjitos y demás árboles de aquellos bancales, desgajando y cortando á discreción. Ayer mañana comenzaron los trabajos, en que se ocupan ya un buen número de braceros.”

Obras

Las obras del coso tienen una duración de once meses, hasta su inauguración el 6 de septiembre de 1887, y de ellas se cuenta la anécdota de que el arquitecto demostró su pericia hasta tal punto que se vio obligado a colocar él mismo los ladrillos de las diferentes clases de bóvedas, puesto que los albañiles desconocían esa técnica. Todo el material de hierro lo suministra la casa de fundación barcelonesa “Material de ferrocarril”, a la cual la Cooperativa de Empleados agradece públicamente la exactitud en el cumplimiento de fechas y plazos a la hora de servir el hierro de la plaza.El coste total de la obra ascendió a 635.251,77 pts., el solar a 18.500 y el arquitecto percibió en concepto de honorarios 19.906.40 pts., según las cuentas presentadas por el tesoro de la Cooperativa Enrique Villa. La inauguración de la plaza se efectuó sin los palcos y andanadas de sol, aún sin construir , colocándose en su lugar unos maderos a los que se denomino localidades de longaniza. Sin embargo, el 1 de septiembre de 1887 el Diario de Murcia recoge la noticia del reconocimiento oficial del nuevo coso por parte de las autoridades competentes, del cual resultó el dictamen de que la de que la plaza estaba acabada por completo excepto los elementos de adorno. Sea como fuere, las localidades para la corrida inaugural se habían agotado con varios días de antelación, costando diez pesetas la entrada más cara y dos la más barata. El primer cartel de toros y toreros es de sobra conocido: toros de la ganadería de doña María Dolores Monje, viuda de Murube, para los diestros Rafael Molina Lagartijo, el murciano Juan Ruiz Lagartija y Luis Mazzantini. El encierro salió bastante manso y el festejo resultó deslucido. Más suerte hubo en las dos corridas siguientes, en las que actuó la misma terna con toros de Miura y del conde de la Patilla. El primer astado que pisó el ruedo murciano fue Naranjito, número 35, picado por José Calderón, estoqueado por Lagartijo y cuya cabeza se encuentra expuesta en la ganadería de don Carlos Urquijo, propietario de los antiguos murubes. El festejo inaugural fue presidido por don Julián Pagan, alcalde de Murcia.

El reglamento de la plaza de toros que posibilitó la regulación de los espectáculos de la feria inaugural fue redactado por el aficionado Antonio Ibáñez y presentado por la Cooperativa de Empleados al gobernador de la provincia, que lo aprobó unos días antes. Este reglamento se vendía para la corrida inaugural en las imprentas del Diario de Murcia y del Criterio Murciano y en la taquilla de la Plaza Platería. En el momento de su inauguración la plaza de toros de la Ronda de Garay fue considerada como la primera de las llamadas monumentales y de mayor aforo de España.

Características arquitectónicas

Desde un punto de vista arquitectónico, la generalidad de la obra de Justo Millán está catalogada dentro de lo que se ha denominado el eclecticismo, corriente caracterizada por un carácter híbrido donde no se encuentra un pensamiento generador o dominante. El rquitecto de Hellín demuestra conocer profundamente la arquitectura clásica, manejando con soltura todos los historicismos, aunque tiene especial preferencia por el medievalismo bizantino y el neoegipcio. Para la plaza de toros, hecha de mampostería y hierro, como para muchos de sus monumentos, desechó el estilo casticista neomudéjar, tan frecuente en otros cosos taurinos, y mantuvo la tipología de la plaza coliseo, pero resolviendo su exterior con vanos segmentados y circulares, lo que le proporciona una imagen típicamente ecléctica, que la distancia bastante del clasicismo que el arquitecto Monleón empleó la plaza de toros de Valencia (1850 - 1860). Para Pérez Rojas la plaza de La Condomina tiene una composición muy parecida a buen número de edificios escolares e industriales modernistas, cuyas fachadas son una articulación de ventanas segmentadas y vanos tripartitos, de claro influjo vienés. No fue la plaza de toros de Murcia la única que le fue encargada a Justo Millán. La fama que recabó por la obra murciana hizo que los cosos de Murcia, Cieza, Abarán y Lorca, hay que añadir la realizada en París como resultado del encargo que hicieron a través de unos amigos de Albacete con motivo de la Exposición Universal de 1889. La plaza, de madera y hierro, fue construida en el tempo récord de cinco meses y fue derribada al poco tiempo de acabar la exposición.

Descripción de la plaza

El Perímetro de la plaza está formado por un polígono de ochenta lados, correspondientes a tres de éstos el cuerpo central, que se adelanta seis metros; en este cuerpo está la puerta principal, de tres metros y medio de ancha por cinco y medio de alta; ésta y todas las demás son de hierro. Vista de la plaza antiguaEl edificio al exterior acusa cuatro pisos, el primero, o sea el bajo, y correspondiéndose con éste los demás, presenta pilares en los vértices de los ángulos del polígono, dando lugar a ochenta y dos huecos no comprendidos en los patios, se cierran con veintiuna puertas de hierro, y el resto con grandes rejas, de dos metros veinticinco centímetros de anchas por cuatro de altas. Todas las puertas, excepto la principal, se corresponden con escaleras o troneras, lo que facilita la pronta llegada a las localidades o el despejo de éstas. El segundo piso se destina a galería, servicio de escalera y paso al tendido alto, el tercer piso, galería como la anterior y salida a la grada cubierta, y el cuarto piso destinado a palcos. Las luces del segundo piso son ventanas circulares, una por cada ochava y tres en cada uno de los pisos restantes: las del tercero son rectangulares y adinteladas, y las del cuarto una ligera curva que comprende las tres. La cubierta es de zinc con armadura de hierro, vertiendo las aguas al exterior, llevando por la parte interior, o vista al redondel, como coronación de los palcos, un friso de dos metros de alto. La altura total del edificio por su interior es de dieciocho metros y medio. Al poco tiempo de la inauguración parece que el ruedo se redujo por su enorme tamaño, quedando entonces el callejón como uno de los más amplios de España, si no el que más, con sus tres metros de anchura. Tan grande era el ruedo que en cierta ocasión llegaron a celebrarse dos corridas a la vez, partiéndose el redondel en dos. Los 53 metros de diámetro que asigna Martínez Tornel son los que tiene en ala actualidad; por tanto la supuesta reforma tuvo que producirse con anterioridad a 1906. A mediados de los años cuarenta la barrera se hizo nueva, los pilares que la sostienen pasaron a ser de hierro y se suprimieron tres burladeros, quedando los cuatro actuales.

La capilla

La capilla en su origen llevó el nombre de Nuestra Señora de la Consolación, pero en la actualidad se encuentra bajo la advocación de la Virgen de la Fuensanta. Tampoco parece que se haya ubicado siempre en el mismo lugar. El plano de 1942 nos la muestra junto a la enfermería, bajo el tendido de sol y sombra, mientras que ahora se encuentra junto a la puerta de cuadrillas. Es una recogida sala de forma rectangular, presidida sobre un pequeño altar por la patrona de Murcia. También hay, a la derecha del que entra, una imagen de la Virgen de la Soledad. Las labores de capellán son desempeñadas en la actualidad, y desde hace treinta años, por don Pedro Lozano Ramírez.

 

Enfermería

La enfermería está ubicada bajo el tendido sol y sombra, a la izquierda del palco presidencial. Cuenta con una antesala, dos quirófanos, uno para primeras curas y otro para cualquier tipo de intervención quirúrgica, además de todo el instrumental necesario para estos menesteres. Hay también una habitación de hospitalización con dos camas. De sus paredes cuelgan las imágenes de la Virgen del Perpetuo Socorro y del Jesús del Gran Poder. El primer torero que visitó la enfermería fue el picador Juan de los Gallos a consecuencia de una conmoción. Ocurrió este incidente el día de la corrida inaugural y fue atendido por el doctor don Emilio Sánchez García. Casi todo este siglo han estado al frente de ella los doctores Ramón Sánchez-Parra y García y su hijo Ramón Sánchez-Parra Jaén. Al fallecer el doctor Mariano Precioso, antecesor en el cargo, ocupó la vacante Sánchez Parra, el día 25 de junio de 1922. Esta tarde no puedo ser más accidentada. Lo cuenta el mismo doctor en el citado suplemento del Diario La Verdad: “ Durante la lidia del quinto novillo ingresaron en la enfermería tres toreros. El picador (Suizo), con un puntazo en la región posterior de la pierna derecha. El banderillero (Rubio), con un puntazo en el tercio medio del muslo derecho de cinco centímetros, y el espada, Juan Ruiz (Lagartija II), con una cornada moral...La herida fue en la región inguinal derecha, de doce centímetros de extensión, con sección completa de ala vena femoral y safena”.

El toro que mató a Juan Ruiz fue Gorete, de la ganadería de Antonio Flores. Además de ésta, ha habido tres cogidas mortales en la plaza de La Condomina. El 20 de mayo de 1894 el matador José Noriega Castizo fue corneado por un toro del marqués de Mendela, muriendo en la madrugada del día 22. El 7 de septiembre de 1910 el toro Estudiante, de la ganadería de Palardé, hirió mortalmente a la salida del segundo puyazo a José Claro Mateos Pepete. Y el día 8 de septiembre de 1913 el tercer toro de la corrida, que atendía al nombre de Capirote, de la ganadería de doña Celsa Fontfrede, viuda de don Fernando Concha y Sierra, destrozó el corazón ala picador José Angosto Loquillo. Alternaban aquella tarde Machaquito, Luis Freg y Joselito, y la cabeza de Capirote se conserva en el despacho de la dirección de la plaza.

Corrales

No sabemos con certeza si los tres patios a los que se refiere servían para albergar los toros o era otra función. El plano de 1942 nos muestra cuatro patios de toros. En la actualidad son siete y una corraleta. Su extensión es amplia y unos enormes y viejos plataneros los protegen del sol con su sombra. El sistema de pasillos interiores hace que los trabajos de enchiqueramiento se realicen perfectamente. En ellos se encuentra la báscula que determina el peso de los toros al ser desembarcado y enchiquerados. Después de heredar al cargo de su tío, durante los últimos cuarenta años ha desempeñado las funciones de Corralero Ángel Sánchez Mompeán Angelín, hasta que el pasado 20 de septiembre de 1997 sufriera un accidente en una de esas dependencias de la plaza. Durante la celebración del sorteo de la novillada de la feria septembrina, Angelín fue fatalmente corneado por el novillo Malospelos, de la ganadería de Las Ramblas, herrado con el número 3 y con un peso de 493 kg.

Patio de Caballos

El Patio de caballos, de gran amplitud, con amplias cuadras, que todavía en los años cuarenta se extendían, incluyendo lo que hoy es la conserjería, hasta el desolladero o matadero, ubicado en una esquina de este patio, donde además los veterinarios cuenta con una sala de reconocimiento de vísceras.

Conserjería

Conserjería a la izquierda de la gran puerta de acceso al patio de caballos, esquina con el campo de fútbol, se encuentra la casa-conserjería, donde habita el conserje y su familia. No siempre ha tenido la misma ubicación, pues el citado plano de 1942 nos la muestra junto a la única puerta que en esta época daba acceso al patio.Lla construcción de la actual conserjería es obra del empresario don Ángel Bernal, que hizo realidad un viejo proyecto que tenía su padre. Al frente de ella se encuentra desde la inauguración de la plaza la familia Belmar. El primer conserje fue Benito Belmar Abellán, que junto con Juan Baños era el encargado de abrir los toriles en la plaza de San Agustín. Desempeño el cargo hasta el año 1905, en que lo heredó su hijo, Benito Belmar Lucas. Al fallecimiento de éste, a finales de 1919, fue su esposa María Carrillo la que se hizo cargo de la consejería, hasta que en 1930 le relevó su hijo menor, Ángel Belmar Carrillo. En la actualidad es Benito Belmar Ramos el encargado de llevar adelante las labores de conserje.

Oficinas

Las oficinas de la plaza tienen dos despachos, uno más amplio, donde se puede ofrecer incluso alguna rueda de prensa durante la feria de septiembre, y otro algo más pequeño, utilizado por los propietarios y la empresa gestora para tratar asuntos de índole privada. Ambos están decorados con fotografías y cabezas de toros que resumen la historia taurina del coso. En las inmediaciones de la dirección hay un despacho para las diligencias del Delegado Gubernativo los días de corrida, y una habitación para que pernocten los mayorales que acuden con sus toros en las fechas de las corridas septembrinas. En 1962, además de las reformas que ya hemos reseñado, se dotó de alcantarillado al ruedo, se hizo la verja de hierro exterior que circunda la plaza, y se enlució la fachada. Palcos Por fin, en 1987, para el centenario de la inauguración, el coso fue remozado, reparándose y pintándose la fachada, y eliminándose en el interior la pintura ey el yeso que cubrían los ladrillos originales.

Propietarios

Mediante la empresa Plaza de Toros de Murcia, S.A., la familia Bernal detenta la propiedad de la plaza, desde que en 1933 compraran el inmueble, entonces en propiedad del industrial Fagel, a partes iguales Ángel Bernal Gallego, don Jesús Bernal Gallego, don Juan López Ferrer y don Ángel Romero Elorriaga. Al morir Ángel Romero, es cuando López Ferrer en 1940 propuso a sus socios unificar las partes: o bien se quedaba él con toda la plaza, o lo hacían los hermanos Bernal, quienes adquirieron la totalidad de la plaza. El primer toro que se corrió tras el cambio de propietarios fue lidiado por el rejoneador Antonio Cañero, el ocho de septiembre de 1934. Con anterioridad a la compra de la plaza por los Bernal, la gestión taurina no tenía una continuidad, sino que se formaban empresas ad hoc que organizaban los espectáculos. Durante los primeros años, el Círculo Mercantil, otras asociaciones e incluso particulares como Francisco Barnés, José Aracil, Diego Fontes, Manuel Balibrea, Gaspar de la Peña o Joaquín del Amo organizaban espectáculos taurinos. Empresario destacado fue don Anselmo Lorencio, que componía ferias con buenos carteles de toros y toreros. Con la llegada de los nuevos dueños, esta provisionalidad cambió y la gestión taurina tuvo una continuidad. De ella se ha encargado durante más de sesenta años el empresario valenciano don José Barceló Llorca, bien en solitario, bien en asociación con otras personas o sociedades, en las que siempre ha estado presente algún miembro de la familia Bernal. Algunas de las empresas gestoras han sido Alegre y Puchaches y Barceló Taurina del Mediterráneo, Taumer, y en la actualidad es Toros Sureste ,S.A. donde estuvo el propio Barceló hasta su muerte con don Ángel Bernal Manzanera. Siendo este último en la actualidad el empresario de la Plaza de Toros de Murcia regentada a través de la empresa Toros Sureste, S.A