La terna se repartió ocho orejas en una buena tarde de toros

La plaza de toros de Abarán celebraba sus veinte años de existencia y lo hizo por todo lo alto, con el triunfo de la terna en una tarde en la que se cortaron ocho orejas en total con salida a hombros de una terna compuesta por Enrique Ponce, Miguel Ángel Perera y Paco Ureña.

FICHA: 

Seis toros de Santiago Domecq, bien presentados y de juego desigual. El segundo fue premiado con la vuelta al ruedo.

Enrique Ponce, oreja y oreja.
Miguel Ángel Perera, dos orejas y dos orejas
Paco Ureña, ovación y dos orejas.

Casi lleno.

CRONICA:

Miguel Ángel Perera fue el gran triunfador al desorejar a los dos astados de su lote. El segundo de la tarde fue un buen toro al que el extremeño cuajó de principio a fin, desde el capote hasta la suerte suprema. La faena fue completa y maciza realizada en los medios y acabó con circulares y toreo de cercanía. Se pidió el indulto para el toro Mariscal, pero Perera entró a matar de buen volapié, aunque finalmente tuvo que descabellar. Cortó dos orejas y al toro le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre.

Mejor estuvo Perera, si cabe, en la faena al quinto. Brindó de nuevo al público y comenzó toreando en redondo con las dos rodillas en tierra, sufriendo una fea voltereta. Volvió a la cara y siguió toreando de rodillas, enardeciendo al público. Ya de pie dio dimensión de gran figura, ligado series muy ligadas y de total dominio. El final de faena fue de valor metido entre los pitones. Mató bien y cortó otras dos orejas de ley.

Enrique Ponce tuvo dos toros con nobleza pero poca transmisión a los que supo entender hasta triunfar con ellos. En su primero toreó con mucha suavidad en una faena de medias alturas, en la que fue afianzando al animal. Cortó otra oreja del cuarto, toro noblote al que supo buscarle las vueltas para hacer un toreo con compostura y sacar todo de su enemigo. Mató de pinchazo y estocada y amarró la Puerta Grande.

Paco Ureña hizo lo mejor de su tarde en el sexto, al que desorejó. Este toro fue brusco pero el de Lorca supo atemperarlo a base de buen oficio para acabar metiéndolo en la muleta y torearlo al natural con mucha verdad, incluso abandonado. Cerró con manoletinas y mató de pinchazo y media sin puntilla. El primero de su lote fue un toro reservón que no le dejó lucir a pesar de que estuvo dispuesto Ureña.

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